Se ha demostrado que las prácticas de meditación ayudan a hacer frente a la ansiedad, mejorar el estado de ánimo y el bienestar [1, 2, 3]. Supongamos que todas las embarazadas se pudieran beneficiar. Veamos cómo están las cosas en realidad.
Contrariamente a la percepción generalizada, la conciencia no es sólo meditación. Es más, no se trata de una acción concreta, sino más bien de una capacidad de observarse a sí misma; de una habilidad de ver los pensamientos y los sentimientos por fuera, sin rechazarlos ni evaluarlos. La conciencia quita el hábito de actuar en piloto automático y permite detectar esos pensamientos automáticos, muchos de los cuales son destructivos [4].
Desactivar el piloto automático
Empezar a deshacerse de las acciones habituales es fácil:
adopta la costumbre de ir al trabajo por diferentes caminos o cenar en diferentes lugares;
decide que lo único que harás al mismo tiempo es estar en la ducha y sentir como los chorros de agua corren por tu cuerpo (en lugar de pensar en la diapositiva de la presentación o de seguir hablando con tu marido); presta atención a los sabores y aromas de los alimentos durante la cena, en lugar de leer las redes sociales; escucha tus sensaciones en un baile o una caminata;
elige cada día una actividad habitual y trata de realizarla con la mayor concentración posible, prestando atención a cada detalle. Puede ser cualquier cosa: lavarse los dientes, tomar un té con una amiga, cargar una lavadora o caminar.
Memorizar momentos agradables
A veces, para ser feliz, es suficiente ver las cosas cotidianas desde otro punto de vista. Al final de cada día, intenta contar diez cosas que te han dado alegría, por las que estés agradecida. Debes recordar diez, incluso si después del tercer punto no se te ocurra nada. El propósito del ejercicio es apreciar incluso los momentos más insignificantes que te ha traído este día.
Escanear nuestro cuerpo
El objetivo de este ejercicio es centrar las sensaciones del cuerpo. Este también debe ser tratado con más atención y más conciencia. El ejercicio tardará 15 minutos. Durante el mismo, tendrás que concentrarte en cada parte del cuerpo.
Acuéstate en la cama en una posición cómoda. Puedes cubrirte con una cobija. Es mejor cerrar los ojos, aunque si durante el proceso sientes que te estás quedando dormida, ábrelos;
Respira con calma y serenidad. Nota las sensaciones en las partes donde tu cuerpo está tocando la superficie sobre la que estás acostada. No intentes cambiarlas;
Dirige sucesivamente el foco de atención a diferentes partes del cuerpo, desde los dedos de los pies y los pies hasta las espinillas, luego pasa a las caderas y la pelvis, después analiza mentalmente tu pecho, manos, cuello y cabeza. Concéntrate entre 20 y 30 segundos en cada parte de tu cuerpo. Si te sientes mal en alguna parte, dirige la respiración a esa zona.
En el proceso, puedes distraerte con diferentes pensamientos. No intentes descartarlos. Basta con aceptarlos, dejarlos pasar y volver a escanear [4].






