Solo 15 minutos de meditación al día pueden mejorar tu calidad de vida. Los estudios científicos muestran que la meditación mejora el estado de ánimo y reduce la ansiedad, los niveles de la hormona del estrés y la presión arterial [1, 2, 3, 4, 5]. Si se practica con regularidad, se puede aumentar la esperanza de vida y se puede reducir el riesgo de depresión [6, 7].
La meditación no es lo mismo que la relajación intensa. Durante la práctica, debes aprender a enfocar tu atención de manera particular en tu cuerpo y los cambios que ocurren en él. Durante el embarazo, esto puede ayudarte a comprender mejor lo que le sucede a tu organismo y permitirte explicar cualquier afección a tu médico con mayor claridad, así como notar los signos del parto más rápidamente [8].
Otro beneficio de la meditación es que te ayuda a aprender a aceptar sensaciones, emociones y eventos. La práctica de la mediación te enseña a no involucrarte en todo lo que te sucede, sino simplemente a observar los pensamientos que te vienen a la mente y los sentimientos que experimentas [9].
Cómo empezar a meditar
No tienes que sentarte en la posición de flor de loto y cantar para meditar. Todo lo que necesitas es una silla y una habitación tranquila. Si lo deseas, puedes incluso meditar en el autobús o caminando.
La meditación puede tomar muchas formas. A veces te concentras en los sonidos del mundo que te rodea o en tus propias sensaciones, algunos ejercicios implican el movimiento consciente de cualquier parte del cuerpo, caminar o bailar. También hay algunos bastante inusuales: puedes, por ejemplo, concentrarte en una barra de chocolate mientras la comes lentamente [10].
La meditación más sencilla te llevará solo dos o tres minutos [10]:
Siéntate en una silla con la espalda recta. Cierra los ojos o baja la mirada.
Concéntrate en inhalar y exhalar. Siente el movimiento del aire que entra y sale de tus fosas nasales. Observa tu respiración y las sensaciones que experimentas cuando inhalas y exhalas. No es necesario regular o ajustar la respiración.
Después de unos segundos, es posible que otros pensamientos te distraigan. No te recrimines por esto, simplemente vuelve a concentrarte en tu respiración. Felicitate por lo que notas. La capacidad de centrar una y otra vez a tu mente errante para que te puedas concentrar con calma en tu respiración es lo más importante en la meditación.
Al final del ejercicio, tu mente puede volverse tan clara y tranquila como un lago. Pero es posible que esto no suceda de inmediato. En su lugar, pueden surgir sentimientos de excitación o ansiedad. Pase lo que pase, acepta tus sentimientos y agradece tu práctica de meditación.







