Está bien tener miedo al parto, sin embargo, la mayoría de los miedos tienen poco que ver con la realidad; además de que la mayoría de ellos se pueden tratar. Por ejemplo, muchas mujeres embarazadas temen que el parto sea muy doloroso. Entonces, veamos lo que sabemos al respecto y cómo podemos disminuir la ansiedad ante el nacimiento.
El nacimiento de un bebé causa asombro, deleite, ansiedad, miedo y muchos otros sentimientos a menudo conflictivos. Esto se debe al hecho de que nadie puede controlar, al 100%, lo que sucede durante el parto, incluso teniendo en cuenta todos los logros de la medicina moderna.
La pérdida de control es una de las causas más comunes de estrés [1]. Aquéllas que se dedican a planificar todo en detalle, se ven afectadas en especial; ya que resulta difícil aceptar el hecho de que, con el inicio del parto, ingresas al territorio de lo desconocido. Pero podemos trabajar para aceptar esta circunstancia, sin prejuzgar.
Dicen que el miedo lleva a más miedo
El miedo es solo un sentimiento. Está bien tener miedo: la gente lo ha experimentado desde el principio de los tiempos y les ayudó a sobrevivir.
El hombre moderno vive en un mundo mucho más seguro que nuestros antepasados de las cavernas, por lo tanto, la mayoría de nuestros temores son infundados. Si imaginas escenarios terribles en tu cabeza, significa que tienes una rica imaginación. Ni más ni menos [2]. Agradece por tu preocupación y luego continúa, no te detengas en pensamientos desagradables.
Pero sólo pensar en el parto aumenta mi ansiedad
Además de la incomodidad emocional por la ansiedad, algunas personas sienten dolor en diferentes partes del cuerpo debido a la misma. El corazón comienza a latir más rápido y la presión arterial aumenta. Esta es la forma como reaccionamos a la liberación de adrenalina en el flujo sanguíneo [3].
Si te encuentras obsesionada con el miedo al parto, repítete que sólo se trata de una emoción y que está bien preocuparse. Nombra los sentimientos que te molestan: puedes decirlos en voz alta o escribirlos en un diario. Esto le dará a tu experiencia una idea concreta y te proporcionará una especie de control sobre la situación que sientes fuera de control [4].
Si el miedo te paraliza, intenta sonreír o incluso reír. Es posible que parezca una tontería, pero la ciencia nos dice que es una forma eficaz de ayudarte a ti misma. Ya en el siglo XIX, los psicólogos William James y Karl Lange propusieron la teoría de que las emociones surgen en respuesta a las reacciones físicas del cuerpo [5]. En otras palabras, no estás llorando porque estás triste, sino que estás triste porque estás llorando. Con el tiempo, esta teoría se ha ido complementando y refinando; no obstante, parece que la idea principal es correcta [6, 7]: nuestro ser físico impacta en nuestras emociones.
Así que sonríe incluso cuando tengas miedo y quieras escapar. Tu cuerpo sabe cómo hacer crecer una nueva vida en su interior, y te sacará de tu miedo. Tu cuerpo te ayudará a comprender que el miedo no es el lugar donde quieres vivir. Pero también, agregar ejercicios de respiración, yoga y meditación le dará a tu cuerpo aún más herramientas para ayudarte a calmar tu ansiedad. Sonreír, meditar, caminar al aire libre; todo te ayudarán a relajar tu sistema nervioso y, a la vez, reemplazarás la intranquilidad por la calma.
Aflojar el control
Cuando la ansiedad y el miedo llegan, la reacción natural es tratar de reprimir las emociones y tratar de "ser fuerte". La mala noticia es que no funciona, pues cuanto más intentes controlar o suprimir los pensamientos perturbadores, más poder les darás [8]. La buena noticia es que la ansiedad y el miedo no son peligrosos, pues van y vienen, como lo hace un dolor de cabeza. Estás segura incluso si sientes pánico por miles de cosas diferentes.
Suena paradójico, pero para aliviar la ansiedad es necesario sumergirse en ella. Recuerda cómo aprendiste a nadar: cuando golpeas y pateas el agua de manera desesperada, es difícil mantenerte a flote; y las salpicaduras caóticas aumentan tu miedo. Pero, sin embargo, puedes acostarte boca arriba, respirar muy profundo y el agua mantendrá tu cuerpo a flote; mientras con unos pocos movimientos aerodinámicos, te mueves por el agua. Lo mismo ocurre con la ansiedad: no necesitas luchar contra ella, hace falta que te rindas ante ella: recostarte con toda tranquilidad en medio de un océano de ansiedad. Deja que todos los pensamientos y sentimientos desagradables pasen por ti [8].
Cuando el miedo ataque, siéntate en una silla o párate en una posición relajada y finge que se trata de un líquido o gas. Relaja tus músculos, permítete extenderte sobre tu silla o flotar libremente en el aire. Observa cómo los pensamientos atraviesan tu cuerpo transparente. No los alejes: imagina que son mariposas revoloteando. Inhala y exhala con calma y continúa sintiendo tu cuerpo que flota en el aire. La alarma desaparecerá poco a poco [8].






