No todos los embarazos son planificados o deseados. Incluso aunque desees tener un bebé, es posible que tus sentimientos no sean los que esperabas.
Si las dos franjas de la prueba de embarazo no te hacen saltar de alegría, no te preocupes. No estás sola. Entre el siete y el 20% de las mujeres embarazadas experimentan depresión o sentimientos de tristeza durante el embarazo [1].
¿Te sientes avergonzada de tus sentimientos?
Recuerda que no hay emociones correctas o incorrectas. La vergüenza es una reacción a las normas y reglas que la sociedad te impone. Con frecuencia, las mujeres tienen miedo de hablar sobre sus experiencias porque esperan el juicio de los demás.
Desafortunadamente, muchos médicos prestan poca atención al aspecto emocional del embarazo. Algunos atribuyen la depresión y pérdida de energía asociada, la disminución del apetito y del deseo sexual y los problemas de sueño a las hormonas [2].
Por otro lado, las mujeres que experimentan estas emociones a un nivel más fuerte, pueden darle a sus sentimientos un valor mayor al necesario. Por ejemplo, pueden pensar que serán malas mamás, cuando esto no es verdad. Las emociones no son un indicador de lo buena madre que serás [3].
¿Por qué te sientes así?
Es probable que tengas muchos pensamientos y expectativas sobre el embarazo. Es posible que ya hayas soñado despierta sobre la forma divertida en que le dirás a tu pareja que estás embarazada o cómo será tu primer ultrasonido. Sin embargo, la realidad suele ser diferente a nuestra imaginación; lo que conduce a sentimientos de dolor o decepción.
En psicología, esto se llama idealización. Las fantasías dan lugar a escenarios perfectos, que a menudo resultan imposibles. La decepción sigue cuando no se alcanzan metas poco realistas. El embarazo, como la mayoría de las cosas en la vida, no se puede planificar por completo. Consiste no solo en momentos ideales, sino en momentos desordenados y no planificados [3].
Lo cierto es que quienes tienen mayores probabilidades de sufrir de depresión durante el embarazo son las mujeres que previamente han experimentado ansiedad, depresión y estrés agudo. Otro factor de riesgo es el trastorno de apego infantil [1].
La depresión a veces puede ser un reflejo de sentimientos reprimidos. Por ejemplo, tal vez te sientas decepcionada cuando te enteres del sexo de tu bebé, pero no te permites hablar de ello en voz alta porque te da vergüenza. O anhelas cosas de tu vida anterior que ahora no están disponibles para ti: una copa de vino por la noche, un baño caliente, practicar algún deporte extremo [3]. Permítete sentir los momentos de anhelo o decepción. Habla con tu pareja o amigo de confianza. Esto puede ayudarte a aliviar la carga que llevas sola.
No me deprimí en mi embarazo anterior. ¿Por qué este embarazo es diferente?
La depresión durante un segundo o tercer embarazo puede ser una reacción a los recuerdos de tu embarazo anterior. Incluso si todo salió bien, el cerebro en el nivel subcortical recordaba el malestar físico y el dolor asociados con el embarazo, esta experiencia ahora puede estallar en forma de emociones negativas. O puede ser que tu estado actual no esté relacionado con nada en particular, a veces simplemente sucede.
¿Qué hacer al respecto?
No te guardes los sentimientos. Las investigaciones muestran que buscar el apoyo de amigos y familiares puede marcar la diferencia. Si te resulta difícil hablar de ello con tus padres o tu pareja, busca otra persona que sepa escuchar [4].
Las técnicas de meditación y atención plena también pueden ayudarte a comprender y aceptar tus sentimientos. Cuando sientas que no puedes hacer frente a la presión, es una muy buena idea acudir a un psicólogo.







