La fertilidad es la capacidad natural de una persona para producir descendencia. En el caso de los hombres, su función se limita a las cuestiones que afectan a la concepción, pero la fertilidad femenina está determinada por tres componentes: la capacidad de concebir, nutrir al feto y dar a luz a un niño sano. La fertilidad es una cuestión multifactorial que puede verse comprometida por muchos factores, he aquí algunos de los más comunes.
¿Qué factores afectan a la fertilidad?
Edad. Para una mujer, la edad es el factor directamente relacionado con su posibilidad de concebir y dar a luz a un niño sano. Con el paso del tiempo, el número y la calidad de los óvulos (ovocitos) disminuye. Este proceso comienza después de los 30 años de edad y se acelera significativamente después de los 35 [1]. Eso significa que, biológicamente, el momento óptimo para la concepción es antes de los 30 años. La probabilidad de éxito de la concepción a esta edad es de aproximadamente 20% con cada ciclo, pero cuando una mujer alcanza los 40 años, ésta se reduce a 5% [2].
La edad también es importante en los hombres, ya que después de los 40 tienden a producir menos esperma saludable. Los padres me mayor edad tienen un mayor riesgo de concebir hijos con defectos de nacimiento debido a mutaciones del ADN en los espermatozoides [2].
El sistema reproductivo. Este factor está más relacionado con la fertilidad femenina, y depende de diversas cuestiones importantes como trompas de Falopio transitables, un endometrio de alta calidad, un útero sano con cavidad y canal cervical normales, y ovarios sanos. Cualquier anomalía en esta estructura reduce la probabilidad de la concepción. Por ejemplo, si existe una obstrucción en las trompas de Falopio, los espermatozoides no podrán llegar al óvulo. Asimismo, puede ser difícil que el embrión se adhiera a la cavidad uterina si hay dificultades con el endometrio. Los problemas en los órganos reproductores pueden tener diversas causas, como anomalías congénitas del útero, endometriosis, síndrome de ovario poliquístico, infecciones de transmisión sexual (ITS) no tratadas y cirugía abdominal/pélvica [3].
En los hombres, los problemas con el sistema reproductivo frecuentemente se relacionan con una alteración en la potencia de los conductos seminales (el esperma no se expulsa) o varicocele (una expansión patológica de las venas del testículo y el cordón espermático) [3].
Equilibrio hormonal. Un desequilibrio hormonal en el cuerpo femenino puede contribuir a una interrupción del ciclo menstrual y problemas con la ovulación. En los hombres, los niveles anormalmente bajos o altos de ciertas hormonas (especialmente la testosterona) se asocian con una disminución del número de espermatozoides activos, lo que también puede dificultar la concepción [3].
Estilo de vida. Fumar, el abuso de alcohol, la adicción a las drogas, el estrés prolongado e incluso el sobrepeso, pueden afectar la fertilidad femenina y masculina. Por ejemplo, el IMC (índice de masa corporal) puede ser fundamental. Un IMC sano se encuentra entre 18.5 y 25 [4]. Las mujeres con un IMC superior a 30 pueden tener dificultades para concebir ya que el sobrepeso puede hacer que el cuerpo produzca exceso de estrógeno, afectando otros niveles hormonales y contribuyendo a la supresión de la ovulación [5]. Si una mujer no ovula, no puede quedar embarazada. Por otro lado, un IMC por debajo de 18.5 puede tener como resultado ciclos irregulares, falta de periodos y problemas con la ovulación.
El peso también puede ser un problema para los futuros padres. Los varones con un IMC superior a 30 tienden a tener un conteo de espermatozoides más bajo (los espermatozoides son sedentarios o escasos) que aquellos que tienen un peso saludable [6].







