Algunos psicólogos opinan que la paternidad comienza antes de la concepción. [1] Algunas parejas cambian su estilo de vida, hacen planes y cuidan su salud antes de quedar embarazadas. Aquí te compartimos cinco opciones para mantener la fuerza si deseas hacer crecer tu familia mientras cuidas a tu primer hijo.
Procura manejar el estrés
Aunque nada cambie externamente, te estás preparando para un nuevo papel y es cuando las dudas te asaltan y te pueden arrastrar a tener pensamientos como: "¿Qué pasa si fallo como madre de dos hijos?" o "¿Qué pasa si no puedo cuidar del bebé de forma correcta?" [2] No reprimas tus emociones; compartirlas con amigos, familiares o un psicólogo puede ser muy útil. Los grupos de apoyo en línea y presenciales también son una gran ayuda.
También puedes escribir tus preocupaciones y clasificarlas. Aquí te damos unos ejemplos:
"Es posible que mi hijo mayor tenga dificultades para aceptar un nuevo hermano."
¿De dónde vino esta idea? ¿Dónde la escuchaste?
¿Por qué tu hijo mayor tendría dificultades para convertirse en un hermano?
Ahora convierte el pensamiento en frases de apoyo:
"Si preparo a mi hijo mayor, aceptará con gusto este nuevo período y amará a su pequeño hermano o hermana";
"Es normal que un niño mayor sienta ciertos celos."
2. Reduce tu carga
La fatiga llega cuando nos sobrecargamos de trabajo. Establece tus prioridades y realiza sólo las tareas más importantes y atiende tu hogar e hijos. Es importante que seas realista; si no puedes trabajar en jornadas de tiempo completo, considera las opciones y cambios que puedes hacer en tu horario o carga de trabajo. [2]
3. Has ejercicio
Aunque parezca contradictorio ya que es posible que tengas poca energía para hacer ejercicio, la actividad física puede ayudarte a afrontar mejor las tareas cotidianas. [3] No tienes que ejercitarte todos los días. Caminar con tu hijo a un ritmo acelerado, jugar al escondite o dar un paseo en bicicleta puede ser suficiente para que te sientas con más energía. Se recomienda realizar la actividad cinco veces a la semana durante 30 minutos diarios. Te sentirás aún mejor si añades dos sesiones de entrenamiento de fuerza a la semana. [4]
4. Duerme lo suficiente
Estudios han demostrado que la privación del sueño de los padres puede persistir hasta seis años después del nacimiento de un niño. [5] La falta de sueño en las madres puede provocar que sean impacientes con sus hijos y experimenten mayor estrés. [6] Sin embargo, no es imposible mejorar el sueño incluso cuando se tiene un niño pequeño. [7]
Pasa por lo menos media hora diaria bajo la luz solar, ya que te ayudará a ajustar tus ciclos de sueño y vigilia, además de que sirve para conciliar el sueño más rápido.
Evita dormir más de 20 minutos a lo largo del día.
Acuéstate a la misma hora todos los días y mantén tu habitación oscura y fresca.
No tomes café y otras bebidas con cafeína después de las 2 p.m.
Para relajarte antes de dormir, estírate, medita, haz ejercicios de respiración lentamente.
Si tu bebé todavía no duerme de corrido, establece un horario y toma turnos con tu pareja para que cada uno pueda tener al menos cuatro horas de sueño ininterrumpido. [8]
No tienes que hacer todo a la vez, incluso los pequeños cambios pueden darte resultados.
5. Aliméntate para recuperar energía
Estamos hablando de cereales integrales, nueces y verduras con un bajo índice glucémico (IG). El azúcar de absorción lenta en estos alimentos puede ayudar a mantener tu energía durante más tiempo. En contraste, los dulces, galletas, papas fritas, refrescos y el chocolate pueden aportar una rápido explosión de energía, pero la pérdida energética que le sigue quizás no valga la pena y puedes caer en un ciclo de alimentos azucarados para mantenerte en pie durante el día. Es fácil encontrar las tablas de IG en línea para ayudarte a elegir alimentos con un índice entre bajo y medio. [2]




