Las reservas de hierro con las que nacen los bebés se agotan gradualmente con el tiempo y el contenido en la leche materna es muy poco.
Se debe incluir un suplemento líquido de hierro en la alimentación de los bebés lactantes al llegar a los cuatro meses de edad. La Academia Americana de Pediatría recomienda una dosis diaria y consistente de 1 mg por cada kilogramo de peso del bebé hasta que se puedan incluir carne y otros alimentos ricos en hierro en su dieta [1]. La OMS sugiere una dosis de 10-12mg por día durante tres meses en un año [2].
Si el bebé se alimenta con fórmula, es posible que no sea necesario incluir suplementos de hierro. Si tu bebé tiene más de 4 meses, verifica la composición de la fórmula que le das y asegúrate de que tenga al menos 12 mg de hierro por decilitro.
Si tu bebé tiene una alimentación mixta y la leche materna representa más de la mitad de su ingesta diaria, necesitará los suplementos de hierro.
La deficiencia de hierro en la infancia, y la anemia derivada de ello, pueden dañar el desarrollo del sistema nervioso del niño y tener como resultado problemas significativos para cuando alcance la edad escolar [1].







