Un embarazo doble siempre es más desafiante que uno típico. Y si resulta que los dos bebés comparten una sola placenta (y más aún si comparten el mismo saco fetal), la madre estará bajo vigilancia especial. Lo que más preocupa a los médicos es el no diagnosticar a tiempo la posible presencia del síndrome de transfusión feto-fetal (STFF).
¿Qué es el síndrome de transfusión feto-fetal?
El síndrome de transfusión feto-fetal (STFF), o síndrome de transfusión gemelo a gemelo, es una complicación que ocurre solo en embarazos monocoriónicos, en los que los gemelos (o múltiples) comparten una sola placenta.
Por lo general, incluso si se comparte la placenta, la sangre se distribuye de manera uniforme entre los bebés. Pero en alrededor del 15-20% de los casos [1], se pueden formar anastomosis en la placenta común. Las anastomosis son "túneles" entre vasos sanguíneos a través de los cuales la sangre fluye de un bebé (conocido como el donante) al otro (el receptor).
Como resultado, el receptor no puede manejar el exceso de sangre, su vejiga se sobre estira, desarrolla edema y aumenta el peso de su saco fetal. Al mismo tiempo, el donante desarrolla anemia y puede sufrir privación de oxígeno; tiene poco líquido en el saco fetal y su desarrollo se compromete. Si no se trata a tiempo, es posible que los bebés no sobrevivan [2].
¿Cómo sé si tengo STFF?
Durante tu primera evaluación (a las 11-14 semanas o antes), tu médico podrá ver si estás embarazada de mellizos y tendrá que determinar de inmediato el tipo de mellizos que vas a tener. Si resulta que los bebés comparten una sola placenta, lo más probable es que necesites un ultrasonido cada dos semanas, para que no se deje de detectar un posible desarrollo del síndrome de transfusión feto-fetal [3].
¿Qué sucede si se detecta STFF?
Las acciones a tomar tras el diagnóstico dependen de muchos factores. En primer lugar, se debe considerar la gravedad del síndrome. Durante las primeras etapas (cuando no hay síntomas, excepto por una leve falta de líquido amniótico en uno y polihidramnios en el otro), los médicos suelen optar por la postura de “esperar y ver”. En algunos casos, las complicaciones nunca se desarrollan o las anastomosis se cierran solas, y el embarazo puede llevarse a término sin ninguna intervención [4]. Si la grasa subcutánea es mucha, se requerirá tratamiento. Se pueden elegir diferentes tratamientos en diferentes períodos gestacionales.
¿Cuáles se consideran los mejores tratamientos?
Tres técnicas son ampliamente utilizadas:
Eliminación del exceso de líquido amniótico (amnioreducción);
Sellado de los vasos de la placenta con láser (coagulación con láser);
Perforación de la membrana entre los gemelos (septostomía) para restablecer el equilibrio del líquido amniótico [2].
La fotocoagulación con láser se considera el método más moderno y eficaz. Sin embargo, generalmente no se usa después de la semana 26. Si se presenta la necesidad de tratamiento en etapas más avanzadas del embarazo, y si el médico no tiene suficiente experiencia en la coagulación vascular, es probable que se le ofrezca a la madre un procedimiento de amniorreducción. Esto aliviará su condición y permitirá preservar el embarazo hasta al menos las 28 semanas (cuando las posibilidades de supervivencia y salud en los bebés prematuros ya son bastante altas) [2, 4].
Foto: shutterstock





