Un nuevo bebé trae mucha alegría a tu vida, pero también un nuevo tipo de estrés. ¡Hay tanto por hacer y tan poco tiempo para hacerlo! Sí, estás acostumbrada a tu vida doméstica con tu cónyuge o pareja, pero esas rutinas que solían sentirse tan establecidas pueden ser arrojadas por la ventana con bastante rapidez debido al nuevo sentido que trae la paternidad. De esta manera, antes de que te des cuenta, tú y tu pareja se están peleando por platos sucios y pilas de ropa olvidada.
¿Qué puedes hacer para evitar el agotamiento y las emociones exageradas? Planifica y anticipa tus actividades.
Hacer una lista
Primero, realiza una lista de tareas pendientes respecto a todas tus actividades, incluidas las nuevas que se agregarán con la llegada del bebé a casa. Luego, divide la lista por la mitad; de esta forma, una semana tú harás la primera mitad y tu pareja la segunda. La próxima semana, cambiarán. ¿Por qué hacer algo así? Porque nunca estarás confundida acerca de quién está haciendo qué, y es menos probable que algo se les escape o que alguien asuma que el otro se está ocupando de una determinada tarea.
Comunicarse
Si sientes que estás haciendo la mayor parte del trabajo doméstico, habla con tu pareja abiertamente. Pide ayuda, no hagas acusaciones ni saques conclusiones precipitadas. Es hiriente e inútil decir cosas como: “Yo siempre soy la indicada…” o “Sólo estás viendo la televisión mientras yo…” En lugar de echar gasolina a una situación difícil, haz solicitudes claras y dale a tu pareja el beneficio de la duda. Lo más probable es que estén felices de ayudar si saben cómo. [1]
También asegúrate de apreciar a tu pareja; dile gracias. Es una forma sencilla de reducir la tensión, pues las personas también están más felices de ayudar cuando se les pide de manera positiva y luego se les agradece por sus esfuerzos. [1]
Toma conciencia de las emociones
Con la tensión viene mucha culpa y vergüenza. Cuando tú y tu pareja peleen frente al bebé, y éste se dé cuenta de su enojo; se sentirá aún peor. Así que tengan cuidado de reclamarse entre sí o de levantar la voz, en especial frente al bebé.
Recuerda que ambos son humanos. Te encuentras cansada. Incluso si uno de ustedes está en casa con el bebé a tiempo completo, es un trabajo duro.
Además de eso, la maternidad (y la paternidad en general) conlleva algunas emociones difíciles de manejar en la medida en que te vas adaptando a los cambios de la vida. Se presenta sentimientos de pérdida y frustración junto con todo lo bueno. Entonces, sé amable contigo misma si tienes uno de esos días en los que todo te da ganas de llorar, pues el hecho de que estés cansada de cambiar pañales y mecer a un bebé que grita no significa que no lo quieras. [2] Todas tus emociones son naturales.
Además, la vergüenza es irracional e improductiva; y sentirla no te convertirá en un mejor padre o pareja, y tampoco te hará sentir mejor. Recuerda que todos nos cansamos, todos cometemos errores y tener límites no significa que seas mala persona. Aunque la vergüenza puede hacerte sentir como una mala persona, recuerda que es un sentimiento, no la verdad de tu situación. [2]
Maneja tus emociones
Siempre que tu crítica interior comience a avergonzarte por algo que hiciste o no, toma un tiempo y observa todo lo que va bien: date cuenta de lo bueno que hay en tu situación.
Cuando tú y tu pareja discutan sobre sus nuevas responsabilidades, como cuando uno de los dos quiere ir al gimnasio y el otro se siente frustrado porque no tienen ni un minuto a solas, recuerda que es normal tener que adaptarse a la paternidad. Así que puedes concentrarte en el hecho de que tienes una pareja y un padre a quien le importan y que lo intenta. No dudes en establecer un diálogo honesto y practicar compromisos. Platica sobre darte la oportunidad de descansar y restructurarte sin resentimientos. [2]
Por último, olvídate de la perfección. Harás todo lo posible en tu situación actual, ¡y es suficiente! Si necesitas descansar tu cerebro con un poco de televisión mientras alimentas al bebé, ¡hazlo! Reconoce que estás cansada, que amamantar puede ser incómodo y que el bebé está seguro, amado y recibiendo lo que necesita. No te castigues por no concentrarte en el bebé al 100% en todo momento. [2]






