Puedes saber esto por tu propia experiencia infantil: los padres llegan a tener muchas expectativas para sus hijos. Si bien de forma natural todos los padres quieren que sus hijos compartan sus valores más profundos, a veces van más allá al desear que sus hijos también compartan todos sus intereses, opiniones y metas. En ocasiones, los padres olvidan que su hijo es “su propia persona” y, como tal, tiene derecho a forjar su propio camino.
Es muy fácil soñar despierta con tu hijo o hija cuando quedas embarazada, te imaginas recitales de ballet, juegos de baloncesto, medallas de oratoria y debate, títulos de derecho, ¡incluso nietos! Empiezas a trazar su educación y sus actividades extracurriculares. Visualizas cómo se verán, cómo se vestirán y las experiencias que tendrán juntos [1]. Pero, sin embargo, debemos recordar que se tratan de sueños; el futuro de tu hijo es un misterio total que aún no se ha revelado.
Conoce a tu amado recién nacido
Tus sueños comenzarán a desvanecerse desde el primer día. La experiencia real de estar con tú bebé después de que nazca, sus reacciones, su estado de ánimo; ¡ese bebé chiquito que se menea en el hospital tiene su propia mente, temperamento y carácter!
Lo cual puede ser difícil de asimilar, debido a que no es inusual tener que llorar la imagen soñada del bebé porque, frente a la realidad, te das cuenta de que la persona que creaste en tu mente en verdad no existe. Este bebé, infante, adolescente y adulto que tendrás frente a ti ¡Existe!
¡Así que ahora puedes conocerle! Tu bebé, con sus peculiaridades, gustos y aversiones; con metas y sueños, desafíos y rabietas, y con un futuro propio que vivirá un día y una fase a la vez.
El peligro de un falso yo
Sin embargo, algunos padres no pueden dejar ir al niño y al futuro imaginados. En los escenarios más dañinos, pueden pasar la mayor parte de la juventud de tu hijo o hija tratando de forzarle a adoptar el molde que le crearon, dictando sus intereses y metas. Algo así daña la psique del infante, porque si bien puede resistir a ser empujado hacia el molde que no le encaja, también quiere complacer a sus padres y no decepcionarlos. Todo ello acarrea conflictos, confusión, miedo al rechazo e inseguridad en la búsqueda de lo que quiere en realidad. La supresión de su propia identidad y el conflicto interno resultante pueden manifestarse como disfunción de la relación o problemas para construir una vida en la adultez.
Un hijo no puede salvar tu matrimonio
Durante el embarazo, es común que los futuros padres consideren cómo afectará el bebé a su matrimonio y su hogar. En algunos casos, los padres desean o esperan que el bebé los acerque más, dándoles el proyecto compartido de criar y cuidar a su hijo; buscando sentirse orgullosos y satisfechos de la paternidad.
No hay nada de malo en esta expectativa, no obstante, las parejas deben ser conscientes de que un hijo traerá diferentes factores de estrés en cada etapa de su desarrollo. Desde el llanto nocturno hasta las rabietas de los niños pequeños, desde los problemas de disciplina escolar hasta la rebelión de los adolescentes; tu hija cometerá errores o tomará decisiones personales que traerán conflictos a tu familia y matrimonio. Como tal, apostar a que un bebé traerá estabilidad o longevidad a un matrimonio simplemente no refleja la realidad.
Tu bebé no es responsable de fortalecer tu matrimonio: no puede hacerlo y no es justo pedirle que lo haga. Esa tarea recae en ti y en tu cónyuge.
Conclusión
Tu hijo será una persona con su propia individualidad a lo largo de su crecimiento y necesitará que sus padres le guíen, apoyen y escuchen. Te buscará para que le des confianza en sus desafíos, sueños y metas. No impongas tus expectativas o tu imagen de quién debería ser, ¡deja que florezca su personalidad! Ama el ser humano único que es y en el que se está convirtiendo. Como escribió Kahlil Gibran en su poema Sobre los niños :
Tus hijos no son tus hijos. Son los hijos e hijas del anhelo de la Vida por sí misma Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, Porque ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes albergar sus cuerpos, pero no sus almas.






