Uno de ustedes cree en una educación estricta para su hijo, mientras que el otro prefiere un ambiente más relajado y libre [1]. Los dos no tienen que ser mutuamente excluyentes. Lo principal es que haya coherencia.
La estabilidad psicológica de un niño puede beneficiarse si sus padres reaccionan de manera similar ante un determinado comportamiento [2]. Cuando los límites son borrosos y no se siguen las reglas, el niño puede sentirse vulnerable, nervioso y ansioso. La buena noticia es que incluso los padres con puntos de vista muy diferentes pueden lograr coherencia en la crianza. Aquí algunos consejos.
Encuentren puntos de convergencia
Este ejercicio puede ayudarte a visualizar tu estilo de crianza. Traza una gráfica XY, donde la X represente control y libertad (uno en cada extremo) y la Y represente proximidad y distancia (nuevamente, uno en cada extremo) [3].
Reflexiona sobre hacia cuál de los polos de cada eje te inclinas. ¿Crees que los padres deben decirles claramente a sus hijos lo que es aceptable y lo que no? Entonces estás más cerca del lado de "Control". Si estás convencida de que los niños deben tener más libertad de elección, entonces te inclinas más hacia la marca de "Libertad".
Dale una oportunidad a este ejercicio, es menos complicado de lo que parece. Por ejemplo, si eres tierna y cariñosa, coloca un punto hacia la marca de “Proximidad”. Si crees que un padre debe ser estricto y mostrar autoridad, ubícate más cerca del punto de la gráfica que corresponde a “Distancia”. Si estás en contra de los extremos, colócate en medio. Experimenta con este ejercicio para descubrir más sobre tu estilo de crianza.
Después de un rato, tendrás tus coordenadas y podrás pedirle a tu pareja que también haga el ejercicio. La idea es evaluar gráficamente qué tan cercanos o alejados están sus estilos de crianza.
El ejercicio es un excelente inicio de conversación. Puede ayudarles a encontrar puntos en común y priorizar lo que es importante para ambos. Pueden estar de acuerdo en que ser amable y afectuoso con su hijo es una prioridad, pero no estar de acuerdo en qué tan estrictas deben ser las reglas. Un buen equipo de padres siempre intenta encontrar puntos de convergencia y negociar las diferencias sin perder el objetivo final, que es criar un niño feliz y sano.
Acerquen sus posiciones
Pero ¿qué pasa con aquellos puntos en los que sus enfoques difieren? Escúchense mutuamente y encuentren cosas en las que ambos estén de acuerdo.
Por ejemplo, un papá estricto puede no creer que un niño necesita que lo consuelen cada vez que llora, pero acepta que gritarle es inaceptable. Una mamá puede pensar que no se debe restringir demasiado a un niño, pero está de acuerdo en que se necesitan límites, como no permitirle comer demasiados dulces o golpear a otro niño, incluso jugando.
Utilicen el método de prueba y error
Si aún les resulta difícil llegar a un acuerdo, prueben sus estilos de crianza en la vida real. Por un tiempo, aborden las situaciones como tu pareja quiere y luego hagan las cosas a tu manera. Sean objetivos y decidan qué enfoque funciona mejor en función de los resultados del experimento [4].
Eviten discutir frente a su hijo
Los bebés empiezan a entender palabras cuando tienen aproximadamente un año de edad, pero pueden sentir la tensión entre sus padres desde antes. Suavicen cualquier desacuerdo ya que acuesten al bebé y eviten contradecirse delante de él o ella [4].
Acepten sus diferencias
No importa cuánto traten de construir un frente unido, sus estilos de crianza aún pueden ser ligeramente diferentes, ¡y eso es bueno! Su hijo aprenderá a adaptarse tanto a mamá como a papá, lo que le ayudará a comunicarse mejor con diferentes personas y a prepararse para cuando vaya a la escuela y comience a interactuar con el mundo exterior [4].






