Signos y síntomas de parto
A partir de esta semana, el bebé está oficialmente a término. Aunque un embarazo típico es de 40 semanas, sólo el 5% de los bebés nacen en la fecha prevista. Por lo tanto, es una buena idea estar preparada para comenzar el trabajo de parto en cualquier momento [1].
Existe una variedad de señales físicas que tu cuerpo está preparando para el parto.
A medida que tu bebé desciende, se vuelve más fácil respirar. Puedes sentir que la cabeza del bebé se ha movido hacia la entrada de la pelvis. Lo cual puede suceder varias semanas antes del nacimiento o sólo unas horas antes de que comience el trabajo de parto. Para algunas mujeres, en especial aquéllas que han dado a luz antes, es posible que no sea muy notorio.
Desde el tracto genital, se puede liberar una mucosidad espesa de color blanco o rosado. Este es un tapón mucoso, que llena el cuello uterino durante el embarazo. A medida que el cuello uterino se ablanda, también se abre para prepararse para el nacimiento y el tapón de moco se desprende. A medida que te acerques al parto, este proceso se acelerará. Algunas mujeres pierden el tapón de moco sólo con el inicio de la labor de parto [2, 3].
Ocurren las contracciones de Braxton Hicks
En el tercer trimestre, muchas mujeres notarán las contracciones de Braxton Hicks. Esto es cuando el estómago se tensa de manera periódica y los músculos del útero se contraen y relajan de forma alterna. Estas sensaciones pueden ser desagradables, pero no dolorosas.
Estas contracciones de entrenamiento no conducen al inicio del trabajo de parto, antes bien, se trata de una especie de preparación para el útero. Así que, a diferencia de los dolores de parto, son irregulares y su frecuencia, intensidad y duración no van en aumento [4].
Cuando las contracciones del trabajo de parto son fuertes, duran más de 40 segundos y ocurren más de una vez cada cinco minutos; debes dirigirte al hospital o llamar a tu matrona/partera/doula [3].
El cuello del útero se abre
Hacia el final del embarazo, el cuello uterino se vuelve más suave, más corto, más delgado y se abre de manera gradual. Este proceso es lento al principio, pero a medida que se acerca la labor de parto, la apertura se acelera [2].
En algún momento, el líquido amniótico puede comenzar a filtrarse. Puede filtrarse en pequeñas porciones o romperse de manera rápida y repentina. Cuando rompas fuente, debes informar de inmediato a tu médico o partera. Presta atención al color del líquido amniótico: lo normal es que sea de color amarillo pálido. El agua verde, marrón o fangosa es una señal de que no debes dudar en dirigirte al hospital, además de que debes informar sin falta a tu médico sobre el color atípico del líquido [2, 3].
Si estás esperando gemelos
Puedes pensar que si hay dos hijos, el parto durará el doble. En realidad no es así. La primera y más larga etapa del trabajo es la misma para ambos bebés. Es decir, hasta la dilatación total del cuello uterino. Las mujeres que esperan uno, dos o incluso tres bebés pasan por el mismo proceso.
Solo la segunda etapa lleva más tiempo, así como el nacimiento en sí de los bebés. Si en los partos individuales esta etapa dura de una a dos horas, entonces el nacimiento de mellizos puede demorar de una a casi cuatro horas. En los partos múltiples, al igual que en los individuales, se puede utilizar anestesia epidural. Esto es óptimo, especialmente si en el proceso queda claro que es necesario realizar una cesárea. También hay casos en los que el primer bebé nace por la vía vaginal y el segundo por cesárea [5].






