Este término lo usan a menudo los médicos, pero suena aterrador para personas que no son del sector salud. Incluso llega a provocar depresión en la futura madre [1]. Por lo tanto, es importante analizar el término, comprender lo que significa y aprender a gestionar los riesgos.
¿Qué es el embarazo de alto riesgo?
En su forma más básica, este término significa que un embarazo puede verse afectado de manera negativa por un determinado factor médico [1].
La mayoría de las mujeres enfrentan algún tipo de factor de riesgo durante el embarazo, pues casi todo el mundo tiene alguno; y ciertas mujeres enfrentan varios a la vez. Sin embargo, incluso con factores de riesgo, es completamente posible tener un embarazo normal y saludable.
¿Cuáles son los grupos de riesgo?
La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) incluye los siguientes como factores de riesgo:
antecedentes de infertilidad;
antecedentes de abortos espontáneos;
complicaciones durante el embarazo (desde hemorroides hasta preclamsia);
multiparidad (muchos embarazos anteriores);
edad menor de 18 o mayor de 35 años;
factores sociales que afectan la salud (fumar o beber, múltiples parejas sexuales, desnutrición, estrés, entre otros);
anomalías identificadas durante el cribado en el primer o segundo trimestres.
Además, cualquier enfermedad crónica que una mujer ya tuviera antes del embarazo se considera un factor de riesgo adicional.
¿Estos factores suelen tener consecuencias trágicas?
A nivel mundial, hasta el 15% de los embarazos de alto riesgo terminan en pérdidas. Es importante señalar que el 84% de los embarazos de alto riesgo ocurren en regiones donde hay poco o ningún acceso a una atención médica asequible y de alta calidad, en especial en África Ecuatorial y el sur de Asia [1]. Así que el autocuidado y el cumplimiento de los consejos médicos reducen, en gran medida, la probabilidad de resultados adversos.
¿Qué puedo hacer para reducir los riesgos?
De manera ideal, haz todo lo que puedas para recuperarte antes de quedar embarazada: controla las enfermedades crónicas con la ayuda de tu médico, deja de fumar. Si ya estás embarazada, trabaja con tus médicos para desarrollar un plan de salud para tu embarazo.
Puede resultar que algunas enfermedades (por ejemplo: diabetes, hipertensión o úlceras) requieran un tratamiento constante. En estos casos, querrás crear un plan de control con tu especialista, ya sea un endocrinólogo, cardiólogo o el que fuera necesario, así como con tu ginecólogo-obstetra.






