¡En poco tiempo conocerás a tu bebé! Descubre cómo luce la recta final del embarazo y las mejores formas de manejar todo lo que sucede durante el último trimestre en esta reseña.
La fatiga va en aumento
Al comienzo del tercer trimestre, el bebé se da un estirón: en cinco semanas puede ganar hasta dos kilos, el doble que en los meses anteriores [1]. ¡Y tu pancita crece con él! Al final del embarazo, puedes sentir que llevas una sandía en el estómago 24 por 7. Algunos síntomas desagradables pero naturales pueden empeorar, como la necesidad de orinar, la hinchazón, el dolor de espalda y la falta de aire [2]. Todo esto puede ser agotador, pero el cuerpo no cambia de la noche a la mañana y tendrás tiempo para adaptarte. Lo bueno es que cualquier malestar durará relativamente poco, pues la fecha del parto se acerca rápidamente.
Aparecen las contracciones de entrenamiento
No te alarmes si de repente tu estómago se tensa notablemente y luego se relaja. A diferencia de las contracciones reales, las contracciones Braxton-Hicks o de práctica son en su mayoría aleatorias y no duelen [3]. Es la forma en que el útero se prepara para el parto y el bebé aprende a responder a los estímulos externos. Si las contracciones no desaparecen con el reposo, te duele el estómago o notas sangrado, consulta a tu médico de inmediato.
El bebé se calma
Después de la semana 32, el bebé estará bastante apretado dentro del útero. En este momento, o un poco más tarde, lo más seguro es que se ponga cabeza abajo, doble las piernas hacia el pecho y permanezca en esta posición hasta el alumbramiento [4]. Periódicamente, el bebé se moverá, se estirará y se sacudirá de un lado a otro, contorsionando visiblemente tu vientre. Pero no esperes fuertes patadas o volteretas, como las que experimentaste al final del segundo trimestre o al principio del tercero.
El sueño se dificulta
El bebé da patadas, sientes un calambre y luego tienes que hacer pipí (¡otra vez!). Los estudios muestran que en el último trimestre, un tercio de las mujeres embarazadas duermen menos de siete horas [5]. Si te sientes cansada durante el día, intenta tomar una siesta a media mañana si es posible [6]. Considera esto como una práctica para el futuro cercano, porque los nuevos padres también tienen que levantarse por la noche y tal vez tengan que aprender a recuperar algo de sueño durante el día mientras el bebé duerme.
Los senos se preparan para la lactancia
Es posible que notes un líquido amarillento que sale de tus pezones. Esta sustancia se llama calostro y es la primera fuente de nutrición del bebé fuera del útero; está repleta de nutrientes e inmunoglobulinas. Algunas mamás tienen tanto calostro que necesitan usar protectores de pecho, mientras que otras comienzan a producirlo hasta el parto [7].
Necesidad de tener la casa lista
No te sorprendas si unas semanas antes de dar a luz, sientes una oleada de energía que te lleva a limpiar la casa, reorganizar los muebles y comprar todo tipo de cositas lindas para la habitación del bebé. Este comportamiento apunta a lo que se conoce como síndrome de anidar. Algunos científicos creen que es algo programado por la naturaleza y lo consideran un instinto que motiva a la madre a preparar el espacio donde cuidará de su bebé [8]. Otros están convencidos de que es un patrón de comportamiento impuesto socialmente [9]. De cualquier manera, no te presiones para tener el cuarto del bebé perfecto y controla tu impulso de comprar todos los artículos para bebé que se te atraviesen. Intenta mantener la calma, apégate a tu lista de compras y recuerda que, en general, un recién nacido solo necesita dos cosas: cuidado parental y alimentación.
La ansiedad se instala
"¿Qué pasa si de repente algo sale mal?", "¿El bebé estará sano?", "¿Podré soportar el dolor del parto?". Estos y otros miedos son perfectamente naturales. Tres cuartas partes de las mujeres embarazadas se preocupan antes de dar a luz y una de cada diez se enfrenta a una verdadera fobia [10]. No intentes ignorar tus emociones [11], es mejor hablar con un ser querido que te escuche sin juzgarte. Escribir cualquier pensamiento que te provoque miedo en un diario en formato de flujo de conciencia también puede ayudarte a controlar la ansiedad [10].
Comienza el parto
Solo en las películas se ve que el parto comienza de forma repentina y dramática. En la vida real, el proceso es más lento. Primero, el cuello uterino se acorta y se abre ligeramente, luego sale el tapón mucoso, que tiene la apariencia de una secreción espesa y gelatinosa de la vagina. Es posible que experimentes deposiciones más blandas y frecuentes, así como dolor lumbar, y es posible que se te reviente la fuente (en algunos casos, el médico la romperá durante el trabajo de parto). Cuando comiencen las contracciones reales, lo más probable es que las reconozcas [12]. Desde luego que algunas mujeres dan a luz rápido, pero eso es más una excepción, especialmente si se trata de un primer embarazo. En la mayoría de los casos, una futura mamá tendrá tiempo suficiente para ordenar sus ideas y decidir si es momento de ir al hospital.






