El diagnóstico de “envejecimiento de la placenta” se utilizó bastante en la década de 1990 y a principios de la del 2000, mismo que causó preocupación entre los médicos y las mujeres embarazadas. El término ha sido reemplazado por “maduración prematura” o “disfunción” de la placenta. No obstante, y con independencia del nombre que se use, se trata de una condición en la que la placenta no puede realizar algunas de sus funciones antes de que el bebé esté listo para nacer.
¿Cómo determinan los médicos el envejecimiento de la placenta?
Los signos de envejecimiento se encuentran, con mayor frecuencia, en la ecografía durante el tercer trimestre. Por lo general, estos ultrasonidos sólo se recetan a mujeres con embarazos de alto riesgo durante las semanas 30 a 34. Ahora bien, como ocurre con cualquier órgano, los signos del envejecimiento son muy diversos. La mayoría de las veces, los médicos pueden notar trombosis y calcificación vascular; otras veces hay muerte celular prematura, deshidratación, adelgazamiento (y, con menos frecuencia, engrosamiento) de la placenta [1]. Asimismo, la producción de hormonas también llega a interrumpirse [2].
En general, el envejecimiento de la placenta es un resultado normal; pues, después de todo, sólo se necesita durante el embarazo. Pero si los signos del envejecimiento aparecen mucho antes de la fecha de parto, se considera anormal.
¿Cuándo puede un médico ver signos de envejecimiento de la placenta?
A las veinte semanas se considera un punto crítico en el manejo del embarazo. Después de esta frontera, si se desarrolla alguna enfermedad, se la etiqueta como “gestacional”, es decir, asociada con el embarazo. Tales enfermedades incluyen diabetes, hipertensión, pielonefritis gestacionales y preclamsia. Existe una teoría que vincula el desarrollo de todas estas complicaciones con el envejecimiento prematuro de la placenta [3]; es decir, si en la semana 20 la placenta ha alcanzado su primera etapa de madurez, esto ya es motivo de preocupación.
¿Cuáles son las etapas de madurez de la placenta?
Lo siguiente se trata de un gráfico condicional de cambios que permite comprender si el estado de la placenta corresponde a la edad gestacional. Por lo normal, la placenta [4] debe alcanzar:
primer grado de madurez para la semana 31;
segundo grado a la semana 36;
tercer grado en la semana 38.
De manera curiosa, si el desarrollo de la placenta se ajusta con este cronograma, entonces su grosor en milímetros corresponderá a la edad gestacional en semanas. Mientras que las desviaciones permiten sospechar un envejecimiento prematuro [4].
¿Por qué el envejecimiento prematuro de la placenta es peligroso para el bebé?
La placenta es el órgano de conexión entre la madre y el bebé y gracias a la placenta, un bebé recibe oxígeno y nutrientes. Si una parte importante de los vasos de la placenta se encuentran bloqueados por trombos o calcificaciones, se altera el suministro de nutrientes y oxígeno; lo que puede provocar una ralentización del crecimiento intrauterino [5].
Debido a la falta de nutrientes, los bebés nacen de forma prematura; y, a causa de la falta de oxígeno, es posible que se produzcan daños cerebrales graves. Por ejemplo, la mayoría de los casos de parálisis cerebral se asocian con un mal funcionamiento de la placenta [1].
¿Qué debo hacer con un diagnóstico así?
El envejecimiento es un proceso unidireccional que no se puede revertir. Pero con el envejecimiento de la placenta, las cosas son más o menos lo mismo que con el envejecimiento en general: se pueden retrasar o compensar las enfermedades asociadas con el mismo. Por lo tanto, si se identifica un problema, los médicos controlarán de cerca tanto a la madre como al bebé [1, 3]. A partir de este momento, es más importante mantener bajo control la presión arterial, los niveles de azúcar en la sangre y controlar las proteínas en la orina.






