¿Cómo debes comer para prevenir complicaciones durante el embarazo?
Cerca del 14% de las mujeres embarazadas de todo el mundo experimentan diabetes gestacional [1]. Asimismo, un porcentaje similar experimenta preclamsia o eclampsia. Por desgracia, en muchos casos, las enfermedades son genéticas. Pero también las fluctuaciones hormonales durante el embarazo contribuyen, en gran medida, a la aparición de estas afecciones. Y, en la mayoría de los casos, se puede hacer poco o nada sobre estos factores.
Sin embargo, existen otros factores en los que sí puedes influir. Por ejemplo, incluso si la diabetes y la hipertensión no pueden prevenirse, es posible minimizar sus complicaciones. Muchos científicos están de acuerdo en que las mejores medidas preventivas que se pueden seguir en contra de estas condiciones son la dieta y la actividad física [1, 2].
Se han realizado numerosos estudios en diferentes países sobre lo que debe constituir una buena dieta. Algunas de las dietas más estudiadas incluyen:
índice glucémico reducido;
alto contenido de fibra;
bajo contenido de carbohidratos;
alto consumo de vegetales con proteína de soja;
alimentos cultivados de manera local y estacional.
Es probable que ya hayas escuchado, o incluso probado, la mayoría de estas dietas por ti misma. Sin embargo, no se ha encontrado evidencia incontrovertible que confirme su efectividad, en especial, para la prevención de complicaciones durante el embarazo [1].
Ahora bien, la dieta DASH, que fue diseñada de manera específica para ayudar a personas con presión arterial alta (por lo que tiene un enfoque dietético para controlar la hipertensión), resultó que también protege contra las complicaciones asociadas a la diabetes gestacional [2]; al tiempo que puede inhibir el desarrollo de preclamsia [1, 3]. Los nutricionistas crearon una variación de este sistema teniendo en cuenta las características del embarazo y llamaron a la nueva propuesta: dieta Mama-DASH [3].
Esta dieta sugiere que se deben minimizar las grasas saturadas (animales) y los azúcares agregados. También habría que cocinar pescado y pollo sin piel, elegir leche descremada y reemplazar los dulces, así como las galletas con nueces o las galletas integrales. En esencia, la base de la dieta debe ser:
cereales;
legumbres;
frutas y vegetales;
productos lácteos sin grasa (como fuente de calcio).
Los estudios han demostrado [2] que esta dieta puede reducir a la mitad la probabilidad de necesitar una cesárea debido a una desproporción céfalo-pélvica o porque el niño es muy grande. Sin embargo, la dieta sola no es suficiente. Se recomienda que las mujeres embarazadas también se mantengan activas, caminando hasta 10,000 pasos por día en beneficio de su salud y de la salud de sus bebés.






