Tu bebé ya puede bostezar, tener hipo e, incluso, llorar [1]. Estas habilidades son extremadamente importantes para su desarrollo, no obstante, eso no es todo lo que los bebés aprenden en el útero.
Escuchan voces y música
La pared abdominal silencia los sonidos del mundo exterior, sin embargo, el bebé aún logra escuchar ruidos apagados de ese mundo que lo rodea. En el útero, los ruidos fuertes, como los de un tren de carga, pueden alcanzar los 90 decibeles [2]; pero un bebé también puede escuchar otros sonidos, como el timbre de un teléfono o el ladrido de un perro. A partir de la semana 20, el bebé reacciona a los sonidos fuertes con movimientos reflejos: se estremece, patea o da golpecitos [3].
En la semana 36, con la maduración de la cóclea (la parte del oído que transmite información sobre los sonidos al cerebro), el bebé puede responder a sonidos más allá de impulsos reflejos [4, 5]. Los bebés logran reconocer las voces de sus padres [6, 7]. De esta manera, los recién nacidos prestarán atención a la voz de la madre cuando suene desde lejos, pues se trata de un sonido familiar para ellos que procede del útero.
Es una gran idea poner música tranquila y relajante, así como cantar canciones de cuna al bebé mientras se encuentre en el útero y ya después del nacimiento. Ellos pueden distinguir la música muy bien [8]. Las investigaciones muestran que, después del nacimiento, los bebés aprenden las canciones que se les cantaron cuando aún estaban en el vientre de su madre. Y, lo más importante, tales canciones les ayudan a calmarse y a dejar de llorar.
Probar diferentes sabores
Las papilas gustativas de los bebés están completamente formadas en la semana 15. Las primeras sensaciones gustativas del bebé se encuentran en tu estómago y tu dieta determinará a cuáles sabores estarán expuestos. El sabor de la comida se transmite a través del líquido amniótico, que el bebé traga de manera constante [9]. Ya pueden distinguir lo amargo de lo dulce y prefieren lo dulce [10]; y los estudios muestran que si aumenta el nivel de azúcar en el líquido amniótico, el bebé lo ingiere más seguido [11].
Reaccionando a la luz
El bebé podrá ver por completo sólo después del nacimiento, pero los órganos de la visión se desarrollan de forma activa durante el embarazo. Los rudimentos de los ojos se forman ya en la tercera semana de vida; mientras que en la semana 28, los ojos se abren; y, en la 31, las pupilas comienzan a responder a la luz, es decir, se estrechan cuando se aclara alrededor y se expanden en la oscuridad [12].
El útero está lejos de la oscuridad absoluta, pues el bebé ve la luz y las sombras con la ayuda de las células sensibles a la luz de la retina del ojo. Los estudios sugieren que estas células son fundamentales para el desarrollo posterior de los ojos y los centros visuales del cerebro [12, 13].







