No es raro que los bebés, los infantes y los niños mayores se caigan; ya sea de una cama, del cambiador de pañales o, incluso, de los brazos de un adulto. Si tu hijo sufre una caída, lo primero que debes hacer es levantarlo y tratar de tranquilizarlo. El siguiente paso es que lo revise un médico, aun cuando todo parezca estar bien.
Los niños son sorprendentemente resistentes y las lesiones debidas a caídas no son tan frecuentes como se podría pensar. Un niño pequeño es lo suficientemente ligero como para que una simple caída no cause daños graves. Así que, si un niño se cae y empieza a llorar, es muy probable que se encuentre bien.
Un estudio publicado en 2001, que analizó a más de 14,000 niños menores de seis meses, reveló que aproximadamente uno de cada cuatro se había caído al menos una vez al llegar a esa edad. Más de la mitad de ellos se cayeron de la cama de sus padres o de un sofá. Solo el 14% tenía lesiones visibles (en su mayoría hematomas), y menos del 1% de las caídas resultaron en una conmoción cerebral o fractura. Sin embargo, el 97% de los niños de esta edad se golpea la cabeza durante una caída [1].
Nuevas investigaciones sobre este tema llevaron a los médicos a concluir que las lesiones graves en niños menores de un año rara vez están relacionadas con una simple caída, pero si pueden ser el resultado de un accidente o de abuso. Los médicos describen este último como Síndrome del Bebé Sacudido (AHT, abusive head trauma) y considerarán la posibilidad de abuso si un niño pequeño presenta una conmoción cerebral [2]. La probabilidad de un desenlace mortal de una caída simple es inferior a 1 en 2 millones de casos [3].
Sin embargo, algunas caídas pueden causar lesiones invisibles que podrían manifestarse a medida que el niño crece. Por lo tanto, un médico debe revisar a fondo a un niño que se ha caído.
Si al golpearse la cabeza, un niño cae en letargo o comienza a vomitar, se le debe llevar a la sala de emergencias o recibir atención médica inmediata [4].







