A veces, una "mancha roja" comienza a crecer en la cara o el cuerpo del bebé: un tumor vascular de color rojo brillante o azulado. Este es un hemangioma infantil y ocurre en uno de cada diez bebés [1].
Los hemangiomas rara vez se detectan inmediatamente al nacer. Suelen aparecer en el primer mes de vida (en promedio a las tres o cuatro semanas) y comienzan a aumentar rápidamente de tamaño. Los hemangiomas subcutáneos profundos pueden no manifestarse hasta por dos meses [2].
¿Que debería buscar?
Primero, hay un área roja en la piel. No pica ni parece molestar al bebé, por lo que es posible que los padres no le presten atención.
La siguiente es la etapa de crecimiento activo. Gradualmente, la mancha roja aumenta, se eleva y brilla. En el 80% de los hemangiomas, el proceso dura de tres a cinco meses [1], pero puede durar hasta un año. Luego es la etapa de reposo cuando el hemangioma deja de crecer.
Durante la etapa de involución, el hemangioma comienza a palidecer y disminuir de tamaño [3]. A la edad de cuatro años, el 60 % de los hemangiomas infantiles desaparecen sin ningún tratamiento. A la edad de nueve años — 90% [1].
¿Es peligroso?
En la mayoría de los casos, no. Un hemangioma es una formación benigna. Sin embargo, es importante que un médico examine la mancha y confirme que se trata de un hemangioma y no de otra anomalía vascular [2].
Dependiendo de la ubicación, un hemangioma infantil presenta mayores o menores riesgos. Las áreas de alto riesgo incluyen cerca de los ojos, la nariz o la boca, en la ingle o en la espalda baja. A medida que crecen, pueden impedir que el niño vea, respire o succione. O se lastiman fácilmente durante los procedimientos de higiene o al vestirse.
Se consideran zonas de riesgo medio la cara o en los pliegues del cuerpo. Los primeros son psicológicamente difíciles de aceptar, pero los segundos pueden irritarse fácilmente.
Bajo riesgo: hemangiomas en cuerpo, brazos y piernas [3].
¿Cómo tratarlos?
En el 90 % de los casos, no es necesario tratarlos, solo monitorearlos. Pero a veces los médicos y los padres prefieren comenzar el tratamiento sin esperar a que desaparezca: después de todo, en el 60% de los casos, se forman hemangiomas en la cara. Esto es 3 veces más probable en niñas que en niños [2, 3]. Esto crea problemas psicológicos para los padres (al bebé por lo general no le importa).
Los hemangiomas de alto riesgo se tratan para prevenir la posibilidad de sangrado o deterioro de las funciones corporales (visión, respiración, succión) [3].
Las soluciones orales (bloqueadores beta) se consideran el método de tratamiento más eficaz y seguro. Si no son efectivos, los médicos pueden ofrecer ungüentos, inyecciones locales, láser y opciones quirúrgicas. Se seleccionan según la ubicación del hemangioma, la etapa de su desarrollo y las posibles complicaciones [1, 2, 3].
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