Si estás intentando iniciar o crecer tu familia, es posible que hayas oído que algunas posiciones sexuales facilitan o dificultan la concepción. Hablemos sobre cómo ocurre la fertilización y por qué la clave no está en las posiciones.
Una visión general de la fertilización.
Quizás recuerdes esto de tus clases de ciencias naturales: un espermatozoide afortunado encuentra y penetra un óvulo, lo fertiliza y se forma un cigoto. Fácil, ¿verdad? No necesariamente.
La sabiduría convencional sugiere que deberíamos hacer todo lo posible para ayudar a que el espermatozoide llegue a su meta. Hay quienes creen que las posiciones sexuales en las que la pelvis de la mujer está elevada pueden poner la gravedad a su favor, y las mujeres terminan haciendo todo tipo de contorsiones o mirando siempre al techo. Lo cierto es que la concepción no es tan sencilla y son otros los factores que determinan si se da la fecundación.
¿Por qué las posiciones no son importantes?
Debido a que los espermatozoides pueden moverse por sí solos (por eso tienen cola), las células reproductoras masculinas ingresan al cuello uterino unos segundos después de la eyaculación. Allí se topan con su primera barrera, que es el moco cervical. Sólo los espermatozoides más fuertes penetrarán ese moco, sin importar la posición en la que se encuentre la mujer durante las relaciones sexuales [2]. Posteriormente, el espermatozoide responde a la llamada del óvulo, que empieza a enviar señales químicas. Una vez más, lo que importa no es la fuerza de gravedad sino la velocidad y la movilidad de los espermatozoides. En 15 minutos (independientemente de la posición), los espermatozoides se encontrarán en una de las trompas de Falopio, donde uno de ellos fecundará el óvulo [3].
Cómo aumentar tus posibilidades de fertilización y concepción.
Los médicos pueden recomendar que las mujeres o parejas con problemas de fertilidad prueben tecnologías reproductivas para la fertilización, como la inseminación artificial (donde los espermatozoides se colocan directamente en el útero) o la ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoides que los introduce directamente en el óvulo), que son intervenciones efectivas y comunes. Pero para la mayoría de las mujeres, el embarazo se producirá en menos de un año, mientras tenga relaciones sexuales regulares; independientemente de la posición en la que decida tenerlas.




