¡Felicidades, estás embarazada!
Aunque es demasiado temprano para que la prueba de embarazo muestre el resultado positivo tan anhelado, el embrión ha comenzado a desarrollarse [1]. El blastocito se prepara para la implantación en la pared uterina y la membrana mucosa libera pequeñas vellosidades coriónicas, las cuales son el origen de la futura placenta, para ayudar a que se adhiera. Las vellosidades capturan al blastocito, extienden el tejido uterino y lo conducen al endometrio.
Una vez realizada la implantación, el blastocito comienza a producir la hormona del embarazo: la gonadotropina coriónica (hCG). La edad gestacional está determinada por los niveles de hCG en la sangre o la orina.
Por otro lado, las partes internas y externas del embrión se forman. La porción externa o trofoblasto, es responsable de la implantación del embrión en el útero, mientas que la porción interna o embrioblasto, ayuda en el desarrollo de los tejidos y órganos del bebé.
Entre las porciones interna y externa del embrión se forma, lentamente, una burbuja llena de líquido. Rodeada por las vellosidades coriónicas, esta burbuja se convertirá en la barrera placentaria que protege al feto.
Lo que se puede ver en el ultrasonido/ecografía
En el centro de la imagen, puede ver un pequeño punto oscuro que indica un embarazo con un único feto. Una gruesa capa de endometrio rodea fuertemente al saco fetal, y donde ésta se encuentra con la pared uterina, pronto comenzará a formarse la vasculatura y la placenta.
En la imagen, el útero tiene forma de pera. En ese momento, el útero aún no ha comenzado a crecer y a la madre aún no se le nota el embarazo.





