Cuando nace un bebé, puedes deshacerte de tu antiguo horario y esperar mucho caos. A medida que el bebé se adapta a la vida fuera del útero, es hora de que tú y tu pareja se acoplen al nuevo miembro de su familia. Así que estos cinco hábitos te pueden ayudar a traer algo de calma y estabilidad durante el agitado período de transición en los primeros meses de vida de tu bebé.
Conoce a tu bebé
Sí, tomar por primera vez a tu pequeño bebé recién nacido entre tus brazos puede ser aterrador, pero cuanto antes te sientas cómodo al sostenerlo, calmarlo y mecerlo, mejor. Desde los primeros días, puedes ayudar de forma activa a tu pareja a vestir, bañar y arrullar al recién nacido. El contacto piel a piel no es sólo para mamá; es importante que el bebé también conozca a papá. El contacto físico temprano conduce al desarrollo de una relación cercana en el futuro. Además, al ser competente en cuestiones prácticas, puedes darle a mamá un descanso que tanto necesita [1].
Fíjate en las pequeñas cosas
Todos los bebés son diferentes: todos tienen su propio lenguaje corporal y reacciones al medio ambiente. Presta atención a lo que hace el bebé cuando está feliz y cuando algo sale mal. Con el tiempo, comprenderás de forma intuitiva cómo se siente: si tiene hambre, si tiene dolor. Además, estas observaciones te ayudarán a comprender los ritmos del bebé: cuando duerme, se despierta y come. Al principio, es imposible obligar al bebé a vivir de acuerdo con tu horario; así que la sensibilidad hacia el bebé resultará muy útil [2].
Ayuda con la alimentación
No te pierdas estos momentos íntimos: en estos episodios puedes sentir la unidad como familia. Si tu pareja está amamantando, aún puedes ser útil. Por ejemplo, si ayudas a tu pareja a sentirse cómoda mientras amamanta, llevándole un vaso de agua. Si vas a usar un biberón con el bebé, entonces puedes tomar la iniciativa o ayudarle a que eructe después de comer [1].
No dejes que el llanto te asuste
El llanto de un bebé puede volverte loco y poner los nervios de punta, pero el llanto es el único modo de comunicación que tiene el bebé: es la única forma en que puede decirte que algo anda mal. Se trata de un comportamiento que ha evolucionado durante millones de años. Los bebés son pequeños e indefensos, ¿con quién más pueden contar, excepto con sus padres? Un bebé no está tratando de manipularte: su sistema nervioso no está lo suficientemente desarrollado para un comportamiento tan complejo. Si sientes que estás a punto de estallar, tómate un minuto para calmarte: sal a caminar, respira hondo; refréscate para que puedas volver a relacionarte de forma segura con el bebé.
Habla con tu bebé
Habla con tu bebé cuando lo abraces o le cambies el pañal. Por ejemplo, puedes decirle “Te cambiaremos el pañal, bebé. Así es como se hace: primero, te lo quitamos; luego agarramos uno limpio y te lo ponemos. Ahora estarás mejor, ¿no es así?” También puedes nombrar los objetos que ves en tu hogar. Cuando el bebé es pequeño, no entenderá las palabras que estás diciendo; pero escuchar el lenguaje estimula el desarrollo de su sistema nervioso y le ayudará a aprender palabras más rápido en el futuro [3]. Es posible que no comprenda todo lo que le digas, no obstante, la entonación tranquila y afectuosa de tu voz lo calmará [4].






