El ejercicio físico de poca intensidad (al menos 30 minutos al día) facilita el embarazo, según los científicos [1]. Esto podría reemplazarse o complementarse con yoga.
¿Por qué precisamente yoga?
Porque es el tipo de actividad física que tiene por objeto mejorar, tanto las aptitudes físicas como las psicológicas necesarias, para el embarazo y el parto. El yoga desarrolla flexibilidad y resistencia, entrenando los músculos de la corteza y el fondo pélvico; al tiempo que se trabaja con atención, conciencia y aceptación. Además, el ejercicio de respiración ayuda a superar el dolor, incluso en el parto [2]. Y es ideal para aliviar la tensión física y psicológica.
¿Cómo ayuda el yoga a las embarazadas?
El yoga puede aliviar el dolor lumbar, el dolor de cabeza y las náuseas.
Las posturas (asanas) alivian la tensión general.
Gracias al ejercicio respiratorio, la futura madre aprende a relajarse y se prepara para el parto.
Los estudios demuestran que la frecuencia cardíaca y la presión arterial de las mujeres embarazadas disminuyen después de las clases.
Al igual que cualquier otra actividad física, el yoga ayuda a controlar el peso extra [2, 3].
¿Cuándo puedo empezar a estudiar?
Las clases pueden comenzar desde el primer trimestre de embarazo y continuar hasta el parto. Es importante hacer sesiones especiales para las futuras madres, donde los ejercicios se distribuirán tomando en cuenta sus necesidades. Sin embargo, antes de que comience el entrenamiento, es fundamental que consultes a tu ginecólogo sobre posibles restricciones o contraindicaciones [2, 3].
¿Qué tipo de posturas y prácticas debería evitar?
Todas las clases con embarazadas están a cargo de entrenadores capacitados que deben conocer las características del trabajo con las futuras madres. Las sesiones que tomarás no deben incluir:
sostener la respiración;
comprimir el vientre;
torsiones profundas, agacharse y saltos;
poses complejas que impliquen el mantenerse en equilibrio;
tensión de la pared abdominal.






