¿Quieres comer salado? ¿Antojo de cosas saladas?
Las ganas de comer sal puede ser un signo temprano del embarazo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda [1] que las personas adultas reduzcan su consumo de sal a 1 cucharadita (5 gr.) por día, ya que el exceso de sodio es un factor de riesgo importante para enfermedades cardiovasculares. Ahora bien, aunque se puede pensar que se aplicarían las mismas restricciones para las futuras mamás, no es así.
Durante el embarazo el volumen de sangre aumenta en un 50%, por lo cual, esta producción suplementaria de sangre y plasma requiere recursos adicionales, como sal, agua y varios más [2].
Por otro lado, varios estudios [2, 3, 4] realizados en los últimos 15 años no han confirmado que escatimar en sal durante el embarazo sea saludable para las madres embarazadas. Por el contrario, las mujeres embarazadas requieren de más sal porque el cuerpo está trabajando duro y la placenta necesita sodio [2]. Asimismo, la sal ayuda a controlar los síntomas de las náuseas matutinas y no propicia el desarrollo de edema (hinchazón de pies y tobillos) en la primera mitad del embarazo [4].
A su vez, la OMS señala que "limitar la ingesta de sal no es recomendable para la prevención de preclamsia en mujeres embarazadas" [5].
Entonces, ¿qué deberías comer?
La sal es necesaria para el crecimiento y el desarrollo de la placenta y del bebé. Entonces, si su cuerpo le pide sal, escuche esos requerimientos. Considere comer verduras en escabeche como el chucrut, porque proporcionan sal y lactobacilos beneficiosos [6]. El arenque o las aceitunas también satisfacen ese deseo de comida salada, al tiempo que proporcionan una buena cantidad de ácidos grasos Omega-3 [7].





