Algo misterioso se apodera de las personas cuando hablan con una mujer embarazada, ¡y hace que de repente se olviden de los límites tradicionales! Todos, desde conocidos hasta amistades, pasando por la recepcionista en el consultorio del dentista, comienzan a decirte que duermas más, que evites el café, que des más paseos o que compres tu suplemento dietético favorito. Esta cadena interminable de consejos no solicitados puede agotarte bastante.
Luego están las personas que hacen preguntas demasiado personales o que comparten muchas cosas sobre su propio embarazo, más de lo que nadie ha querido saber sobre su aborto espontáneo, cesárea o anomalías placentarias.
¿Por qué las personas se comportan así?
Muchas personas asumen, de forma incorrecta, que sólo porque estás embarazada te la pasas pensando en el propio embarazo, el bebé y la maternidad las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Pero la verdad es que tu panza les hace pensar en el embarazo y empiezan a recordar y contar sus propias experiencias, en especial, las que realmente se quedaron con ellos. No cabe dudad de que el embarazo es un símbolo bastante poderoso en nuestra cultura [1].
Y así, sus emociones toman el control. Cuando te dan este consejo o te cuentan esa historia, no están pensando de manera lógica que necesitas escucharlo. De hecho, se trata mucho menos de ti y más de ellos. En el fondo, se trata de una oportunidad para que ellos resuelvan conflictos internos no resueltos [1].
Si los confrontas y les preguntas por qué sienten la necesidad de decirte qué hacer, la mayoría dirá que sólo están tratando de ayudar. Esas personas "serviciales" que te cuentan sus horribles historias de embarazos piensan que "advertida estará preparada". Pero, en realidad, se encuentran absortos en sus propias experiencias. Esos recuerdos son tan fuertes que apenas piensan en ti o en cómo recibirás sus palabras. Es posible que se sorprendan de verdad al saber que sus comentarios te asustaron, ofendieron o lastimaron.
¿Cómo se supone que debo reaccionar en estas situaciones?
No tengas miedo de expresarte. Si alguien te está contando una historia que te incomoda escuchar, dilo. Puedes decir algo como: “aprecio tu preocupación y sé que estás tratando de ayudar, pero tus historias me ponen ansiosa y no quiero escuchar más.” Si alguien te pregunta sobre tus estrías o piernas hinchadas, puedes decirle: “¿Lo preguntas porque eso es lo que te pasó?” [1]
Siempre que te bombardeen con consejos, recuerda que no tienes que seguirlos. Puedes escuchar, luego escoger y elegir lo que sí es valioso para ti. También son válidas las respuestas evasivas como, “gracias por el consejo” o “gracias, pero no quiero hablar de eso ahora.” La mayoría de las personas se darán cuenta de que deben dejar de hacerlo [1].
Por último, recuerda que una vez que nazca el bebé, los dadores de consejos todavía te invadirán; pero con consejos sobre la crianza de los hijos. ¡Así que cepillarlos desde ahora será muy bueno!






