Muchos padres temen que, si no adoptan un estilo de crianza estricto y autoritario, su hijo crecerá malcriado o perezoso. Escuchan a los ancianos, compañeros y expertos que tienen ideas que posiblemente estén obsoletas, pues insisten en no “malcriar al niño”, al tiempo que predican mantener una correa apretada sobre sus pequeños para que no se vuelvan irresponsables o crezcan y se conviertan en adultos holgazanes y sin éxito.
La investigación científica actual, en realidad contradice este consejo tan popular. Los niños que se crían bajo una disciplina muy estricta y que están sujetos a castigos corporales tienen más probabilidades de sufrir enfermedades crónicas del corazón, de los vasos sanguíneos, del sistema respiratorio y de los riñones en la edad adulta. Asimismo, son más propensos a la depresión y a los trastornos de ansiedad, tienen una menor capacidad intelectual y es más probable que desarrollen dependencia al alcohol [1].
Por otro lado, los niños que se crían de manera muy estricta están menos preparados para la vida adulta que los que se crían en un entorno caracterizado por el afecto y los cuidados. En lugar de disminuir su potencial, este enfoque de respeto contribuye al éxito en la vida futura.
Comprender las emociones de un niño pequeño
Desde una edad muy temprana, los niños necesitan sentir el apoyo y la comprensión de los adultos. Además, con base en un punto de vista evolutivo, todos los mamíferos jóvenes dependen por completo de sus padres, ya que es su única posibilidad de supervivencia.
Ahora bien, un bebé comienza a aprender sobre el mundo desde su primer año de vida. Todo es nuevo y desconocido. Junto con la alegría del descubrimiento viene la frustración del fracaso: malestar físico, no obtener lo que quieren, miedos y confusión, y emociones por el estilo. En estos casos, el bebé siente decepción, tristeza y ansiedad; lo cual lo llevará al llanto y a los gritos, y a veces de forma histérica.
La respuesta del responsable de su cuidado a su frustración es de suma importancia: si un padre estricto ignora con frialdad o castiga por el llanto, no está formando el carácter de su hija o hijo, porque el pensamiento del bebé es algo así como: “Me siento mal. Mis emociones se desbordan. No sé qué hacer. Quiero que mamá o papá me consuelen, me abracen y me enseñen a lidiar con esta tensión y a calmarme. Pero en lugar de hallar consuelo, me están regañando o ignorando. Este mundo da miedo y estoy solo. ¿Debo esperar sentirme solo y pequeño?” Sí, ésa es una representación compleja de la respuesta mucho más “instintiva” del bebé, pero puedes imaginar lo que esta misma experiencia, repetida muchas veces, puede causar para que un niño pequeño se comprenda a sí mismo, a sus cuidadores y al mundo en el que vive.
Los bebés y los niños pequeños cuyas emociones son ignoradas también aprenden a ignorarlas por sí mismos, las reprimen como adultos y dejan de reconocerlas o comprenderlas. Todo esto conduce a problemas en las relaciones y a la baja autoestima, y puede provocar comportamientos inapropiados en situaciones de alto estrés. Además, las personas que fueron criadas de esta manera tienen más dificultades en sus carreras, su vida social, sus relaciones sentimentales y familias.
Responder con sensibilidad a un niño pequeño
El paso más importante es el primero: escuchar. Escucha por qué tu hijo está molesto. Deja que describa sus miedos, preocupaciones y frustraciones. (Y si está feliz, escucha por qué está emocionado y contento). Escuchar puede parecer trivial, pero significa mucho para él o ella.
Después, háblale con suavidad y calma. Consuélale con paciencia y explícale cómo lidias con los sentimientos, las preocupaciones y los miedos difíciles. Hazle saber que puede acudir a ti en cualquier momento y dale a entender que no le ignorarás, ni menospreciarás ni regañarás por hacerlo. En el futuro, esto le ayudará bastante para hacerlo más tranquilo, más segura de sus habilidades y más centrado en sus respuestas emocionales.
¿Los niños pequeños manipulan a sus padres?
Si bien en ocasiones puedes ser escéptico de su sinceridad, un niño menor a siete años aún no tiene la capacidad mental y emocional para manipularte, ya que su sistema nervioso aún no cuenta con el desarrollo necesario para cumplir con ese aspecto. Sus rabietas son consecuencia de la inmadurez de su cerebro; los centros responsables de regular las emociones están todavía subdesarrollados, al igual que los del razonamiento lógico y la toma de decisiones. Así que los estímulos más simples pueden asustar, perturbar e irritar a tu pequeña o pequeño.
Por lo tanto, los padres pueden reemplazar las capacidades subdesarrolladas de sus hijos: ya sea su razonamiento lógico o su regulación emocional. Habla con ellos, tranquilízales. Hazle saber que no se trata de algo tan malo y que cuando se sientan así, pueden acudir a ti en busca de ayuda. Esta es la mejor manera de criarlos para formar a un adulto estable, saludable y feliz [2, 3].






