Una vez que has comenzado el trabajo de parto, experimentarás contracciones regulares a un ritmo de, por lo menos, una cada 10 minutos. Pero, ¿qué significan esas contracciones? ¿Qué está pasando en tu cuerpo y cuál es el proceso de nacimiento? Pongamos atención en eso ahora.
¿Qué es exactamente una contracción?
Una contracción implica la compresión y el estiramiento alternos de las paredes uterinas. Las mismas empujan al bebé hacia el canal de parto y también hacen que el cuello uterino se estire y se dilate [1].
¡Pero eso no es todo! Durante las contracciones, no sólo se suavizan los músculos, sino que se estrechan los vasos sanguíneos del útero y la placenta. Esto se llama vasoconstricción y es probable que sea responsable de prevenir la pérdida excesiva de sangre durante el parto [1]. Además, la vasoconstricción en el útero y la placenta envía una señal al bebé de que es hora de salir. Con el estrechamiento de estos vasos, el bebé recibe menos nutrición y oxígeno, lo que le da un fuerte indicio de que el momento ha llegado. Durante la fase latente (inicial) del trabajo de parto, el suministro del bebé se bloquea durante unos 20 segundos a intervalos prolongados, y a medida que las contracciones se vuelven más frecuentes, también lo hacen estos bloqueos de suministros [2]. Con todo ello, el bebé se vuelve más activo en respuesta y comienza a encontrar la manera de salir del útero.
¿En qué se diferencian las contracciones de la fase latente del trabajo de parto frente a las de la fase activa?
En la fase activa, las contracciones son más largas, más dolorosas y más frecuentes. Asimismo, la hormona oxitocina se libera en el torrente sanguíneo, lo que aumenta tu sensibilidad y dilata el cuello uterino. También se cree que ayuda a la mamá y al bebé a coordinar sus esfuerzos para llevar al bebé a través del canal de parto [3]. En este punto, lo mejor es no desesperar; sino concentrarse en ayudar al bebé a hacer su viaje.
¿Puedo reducir el dolor de las contracciones de manera segura?
El uso de anestesia es una decisión muy personal. Por un lado, el estrés y el miedo provocados por el dolor intenso pueden ralentizar o incluso detener, de forma temporal, el trabajo de parto. Por otro lado, la anestesia impide el trabajo de la oxitocina, lo que ralentiza o detiene la dilatación cervical [3]. Al final, debes sopesar tus opciones. Para muchas mujeres, la tranquilidad que proporciona la anestesia les ayuda a superar el trabajo de parto con más confianza y resistencia, lo que las lleva a necesitar menos intervención médica [4].






